Mi experiencia de trabajo con pueblos originarios

Natalia Mudarra

Psicóloga – Especialista en Clínica Mental

Psicoanalista

En mi trabajo con los Gunas y los Emberá, dos de las 7 comunidades aborígenes de Panamá, aprendí que los miembros de estas comunidades tenían que hacer un gran esfuerzo en entender y aprender  español (en el idioma Guna no existe la palabra virus, por ejemplo. Complicado hablar de prevención e intervención en casos de VIH). Y sí, es un idioma, ya que tiene su propio alfabeto y estructura gramatical. Es decir, no es factible de traducción, sino de interpretación, lo cual hace más compleja la comunicación.

Observé también que pasaban gran trabajo al no poder comprender la medicina moderna (muy divorciada de la medicina que conocen), viví las dificultades sanitarias y de transporte que padecían y, con todo esto, entendí, en parte, por qué se sentían menos respetados y cuidados que el resto de la población no indígena.

¿Cómo es la aproximación inicial con pueblos originarios?

Trabajando con ellos, aprendí además que primero había que entender su manera de “curar heridas” antes que imponer la forma “correcta” conocida de la medicina “del hombre de ciudad”, como nos dicen. Ellos me enseñaron que los ungüentos, menjurjes, ramas y baños, no son incompatibles, sino complementarios con la manera de curar de los waganegas (como nos dicen los gunas al hombre de ciudad no indígenas).

A los niños de estas comunidades lo curaba la medicina moderna ¡cierto!, esto mejoraba enormemente su calidad de vida, pero también lo hacía el volver a su tierra, los baños con ramas de la abuela y la preocupación y cuidados de la comunidad.

¿Por qué un psicoanalista debería acercarse a los pueblos originarios?

Porque sufren. 

Gran parte de la población indígena panameña, y seguro que esto es extensible a otros países de la región, siguen viviendo en una situación de marginación y exclusión social.

Esto se evidencia en las precarias condiciones de acceso a servicios de salud, bajos niveles de escolaridad, inserción en ocupaciones de menor remuneración, alta mortalidad infantil, entre otros. Además, esto se constata con la intensa emigración desde los territorios indígenas hacia otras zonas del país, en busca de mejor acceso a recursos.

En esa migración, se limitan temas autóctonos de las comunidades aborígenes, como el tener que cambiar los nombres propios a unos no indígenas, la solicitud a niños a niñas a tener que cortarse cabello según reglamentos locales, la no consideración de los lugares de vivienda y dificultades en el traslado, las escuelas multigrados, entre otros.

Estos sucesos afectan el derecho a la consolidación de la identidad indígena, siendo una de las diversas formas institucionalizadas de discriminación y desvalorización.

Aunque en Panamá hay leyes y estatutos administrativos que promueven el respeto, la conservación de sus costumbres e instituciones propias, la medicina tradicional, entre otros, es poca la propagación y uso que se hace de las mismas para la protección de los usos y costumbres de los pueblos originarios.

¿Cuáles son las principales dificultades en la intervención con pueblos originarios?

Hacer intervenciones en salud mental en estas comunidades es complejo, pues sus necesidades son de órdenes básicos principalmente. Agua, luz, aseo, escolaridad, acceso a servicios de salud y más, son prioridad. Sin embargo, en palabras de Marie Langer, “son los mismos problemas eternos que conmueven al moderno y al primitivo, los que están en la base de sus acciones y sentimientos”.

El psicoanálisis, como herramienta de aproximación a la naturaleza y al dolor humano, provee recursos para su mitigación y curación.

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